¿Encontrada la Schiaparelli?

Parece que se han encontrado restos del amartizaje de la sonda Schiaparelli. La Mars Reconnaissance Orbiter (NASA) ha tomado fotos de la zona a la que debía llegar Schiaparelli y se aprecia, comparándola con una foto de la misma zona de hace unos meses, lo que podría ser el paracaidas y el punto de impacto de la sonda.
Se tiene la esperanza de poder reconstruir con bastante detalle como ocurrió el accidente.

Corto y pego la nota de prensa de la ESA
http://www.esa.int/Our_Activities/Space_Science/ExoMars/Mars_Reconnaissance_Orbiter_views_Schiaparelli_landing_site

21 October 2016

NASA’s Mars Reconnaissance Orbiter has identified new markings on the surface of the Red Planet that are believed to be related to ESA’s ExoMars Schiaparelli entry, descent and landing technology demonstrator module.
Schiaparelli entered the martian atmosphere at 14:42 GMT on 19 October for its 6-minute descent to the surface, but contact was lost shortly before expected touchdown. Data recorded by its mothership, the Trace Gas Orbiter, are currently being analysed to understand what happened during the descent sequence.
In the meantime, the low-resolution CTX camera on-board the Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) took pictures of the expected touchdown site in Meridiani Planum on 20 October as part of a planned imaging campaign.
The image released today has a resolution of 6 metres per pixel and shows two new features on the surface when compared to an image from the same camera taken in May this year.

Schiaparelli landing site
One of the features is bright and can be associated with the 12-m diameter parachute used in the second stage of Schiaparelli’s descent, after the initial heat shield entry. The parachute and the associated back shield were released from Schiaparelli prior to the final phase, during which its nine thrusters should have slowed it to a standstill just above the surface.
The other new feature is a fuzzy dark patch roughly 15 x 40 metres in size and about 1 km north of the parachute. This is interpreted as arising from the impact of the Schiaparelli module itself following a much longer free fall than planned, after the thrusters were switched off prematurely.
Estimates are that Schiaparelli dropped from a height of between 2 and 4 kilometres, therefore impacting at a considerable speed, greater than 300 km/h. The relatively large size of the feature would then arise from disturbed surface material. It is also possible that the lander exploded on impact, as its thruster propellant tanks were likely still full. These preliminary interpretations will be refined following further analysis.
A closer look at these features will be taken next week with HiRISE, the highest-resolution camera onboard MRO. These images may also reveal the location of the front heat shield, dropped at higher altitude.

MRO image of Schiaparelli – before
Since the module’s descent trajectory was observed from three different locations, the teams are confident that they will be able to reconstruct the chain of events with great accuracy. The exact mode of anomaly onboard Schiaparelli is still under investigation.
The two new features are located at 353.79 degrees east longitude, 2.07 degrees south latitude on Mars. The position of the dark mark shows that Schiaparelli impacted approximately 5.4 km west of its intended landing point, well within the nominal 100 x 15 km landing ellipse.
Meanwhile, the teams continue to decode the data extracted from the recording of Schiaparelli descent signals recorded by the ExoMars TGO in order to establish correlations with the measurements made with the Giant Metrewave Radio Telescope (GMRT), an experimental telescope array located near Pune, India, and with ESA’s Mars Express from orbit.
A substantial amount of extremely valuable Schiaparelli engineering data were relayed back to the TGO during the descent and is being analysed by engineers day and night.

MRO image of Schiaparelli – after
The ExoMars TGO orbiter is currently on a 101 000 km x 3691 km orbit (with respect to the centre of the planet) with a period of 4.2 days, well within the planned initial orbit. The spacecraft is working very well and will take science calibration data during two orbits in November 2016.
It will then be ready for the planned aerobraking manoeuvres starting in March 2017 and continuing for most of the year, bringing it into a 400-km altitude circular orbit around Mars.
The TGO will then begin its primary science mission to study the atmosphere of Mars in search of possible indications of life below the surface, and to act as a telecommunications relay station for the ExoMars 2020 rover and other landed assets.

La Exomars se acerca a Marte

El próximo miércoles 19 de octubre entrará en órbita marciana la misión Exomars. El domingo anterior las dos naves que la forman y que han viajado juntas desde su lanzamiento el se habrán separado para iniciar por separado sus operaciones científicas.

En órbita quedará el denominado Trace Gas Orbiter  (TGO) mientras que la sonda Schiaparelli descenderá de manera controlada hasta la superficie del planeta.

Con la Schiaparelli se pretende poner a prueba procedimientos y técnicas para el “amartizace” de futuras misiones espaciales. 
 
 


Todo el proceso de descenso durará unos seis minutos. A dos metros de la superficie se apagarán los cohetes y la nave caerá “a plomo” sobre Marte. La base de la sonda está diseñada para absorber la energía del golpe deformándose. Las operaciones científicas de la Schiaparelli durarán lo que dure la vida de sus baterías, entre 2 y 8 días marcianos. Más detalles de los instrumentos que lleva abordo se pueden encontrar en este enlace: http://exploration.esa.int/mars/48898-edm-science-payload/





El TGO quedará en órbita y actuará en un primer momento como repetidor de las señales que la Schiaparelli envíe a La Tierra. Una vez que esta se apague por falta de energía ajustará su órbita para poder desarrollar sus experimentos científicos.

El más importante de esos experimentos es detectar la presencia de gases de los que pueda deducirse la existencia de actividad biológica o geológica en el planeta.

Así es ExoMars, la próxima misión de la ESA a Marte

11 marzo 2016 copiado de la web de ESA

El pasado “azul” y húmedo de Marte, y la posibilidad de que hubiera vida en su superficie, es uno de los objetivos de la primera misión del programa ExoMars, que partirá hacia Marte el lunes.
 
Compuesta por dos partes, un orbitador y un módulo de descenso, la misión es una de las más complejas y ambiciosas puestas en marcha por la ESA. “Es una misión impresionante, única, que pone a Europa dentro del esquema de exploración global de Marte”, afirmó Álvaro Giménez, Director de Ciencia de la agencia, en un evento en ESAC para presentar ExoMars antes de su lanzamiento.
 
La misión, que es una colaboración entre ESA y Roscosmos, está formada por el orbitador TGO (Trace Gas Orbiter) y el módulo de descenso Schiaparelli, que tiene que demostrar tecnologías para la reentrada en la atmósfera marciana y el aterrizaje en su superficie. El aspecto tecnológico, de hecho, es uno de los más relevantes de ExoMars, ya que TGO es la nave más grande enviada por la agencia a Marte, con más de 3.700 kg. de masa, y es la primera vez que se utiliza una arquitectura de misión de este tipo, con una sonda que despliega un aterrizador, desde las misiones Viking de la NASA en la década de los 70. Como comparación, Mars Express tenía una masa en el lanzamiento de 1.000 kg.

“Esto implica que el módulo de entrada se tiene que separar tres días antes de la llegada de la nave al planeta,” según explica Silvia Bayón, ingeniera de sistemas del satélite, que añade que “TGO tiene que hacer una maniobra para no seguir una trayectoria de colisión con Marte y, tres días después, hace la maniobra de captura de Marte, que dura dos horas y consume la mitad del combustible”. La complejidad del orbitador es explicada también por Bayón al señalar que “TGO combina el traslado de Schiaparelli, las tareas científicas y la plataforma de comunicaciones entre Marte y la Tierra. Requiere mucho nivel de autonomía a bordo”, porque puede llegar a haber un retraso de 24 minutos en las comunicaciones con la Tierra y, en el verano de 2017, la conjunción solar de Marte interrumpirá dichas comunicaciones durante un mes.

La vida pasada de Marte

El aspecto de demostración de tecnología lo realizará el módulo Schiaparelli, durante los seis minutos que dure su descenso a la superficie, pero TGO también incluye en su perfil de misión algo que una misión de la ESA hará por primera vez, como es utilizar la técnica del aerofrenado para alcanzar su órbita científica alrededor de Marte, a una altitud de 400 km. sobre su superficie. Una vez que la sonda esté en esa órbita, comenzará su fase de ciencia, que durará un año marciano (687 días terrestres), y que está orientada a caracterizar la atmósfera del planeta y a buscar respuestas a la pregunta de si llegó a haber vida en el pasado de Marte.
 
“Hace 3.500 millones de años, había agua líquida en la superficie de Marte y, posiblemente, vida también”, explica Leo Metcalfe, responsable de operaciones científicas de ExoMars 2016. De hecho, el planeta rojo y la Tierra empezaron teniendo condiciones similares, y favorables a la vida, al principio del origen del Sistema Solar, hace unos 4.600 millones de años, pero durante el periodo del Bombardeo Intenso Tardío, hace unos 4.000 millones de años, la superficie marciana comenzó a volverse más parecida a como la conocemos hoy, y se transformó en un entorno muy hostil para la vida.
 
Para determinar hasta qué punto es así, TGO analizará la presencia de metano en la atmósfera marciana, gas traza que en la Tierra tiene origen biológico o geológico, por procesos volcánicos. Metcalfe señala que “el metano no sobrevive mucho tiempo en la atmósfera de Marte, es destruido por la radiación ultravioleta, así que si se encuentra metano en su atmósfera, tiene que haber fuentes. Si son geológicas, volcánicas, son también importantes porque en la Tierra, la combinación de actividad volcánica y agua líquida es fundamental para la vida”.
 
Y sí parece haber, actualmente, agua líquida en la superficie de Marte. Metcalfe apunta que “en los últimos diez años se han acumulado bastantes evidencias de que se puede encontrar todavía en la superficie de Marte agua líquida. Debería ser altamente salina para no congelarse. También hay cavernas, de origen volcánico, de las que no se sabe lo que hay debajo. Es posible que las condiciones bajo la superficie sean más compatibles con la existencia de vida”.
 
ExoMars es una misión de exobiología y, por tanto, todos sus componentes han tenido que cumplir unos fuertes requisitos de protección planetaria, sobre todo en el módulo Schiaparelli. Éste podrá funcionar en la superficie del planeta entre dos y ocho soles (días marcianos), dependiendo de la duración de sus baterías, y aunque incluye algunos instrumentos científicos para el análisis de la transparencia de la atmósfera, o para estudiar los procesos en el origen de las tormentas de polvo, en realidad su tarea se centra en la demostración de las tecnologías para el descenso y el aterrizaje. El módulo probará el escudo térmico, más grueso por si la reentrada se produce en medio de una tormenta de arena, el paracaídas supersónico de 12 metros de diámetro y los sistemas de guiado, navegación y control, además de una estructura deformable para la toma de tierra final.
 
La posibilidad de que Marte aún pueda tener condiciones favorables a la vida es la que abre la puerta a que ExoMars sea un primer paso en la futura puesta en marcha de una misión tripulada a Marte. Así lo ha expresado Pedro Duque, que señala que TGO puede representar un antes y un después en este aspecto: “La atención de todos los astronautas está puesta en esta misión. La medición de los gases de Marte se va a conseguir con varios órdenes de precisión mayor de lo que se ha logrado hasta ahora. Esto es importante para determinar si merece la pena ir”. Pero lo que no es sencillo es dar una fecha aproximada de cuándo podríamos ver una misión de este tipo. “No es una cuestión de tiempo medido en años, sino de tiempo medido en cantidad de gente que podamos dedicar a ello”, explica Duque.
 
El programa ExoMars tiene, en conjunto, un presupuesto de 1.300 millones de euros, en el que la participación española es de un 6,7%. Empresas como ELECNOR Deimos, GMV, SENER, Airbus, RYMSA, Thales Alenia Space España y CRISA han contribuido en diferentes aspectos tanto de TGO como del módulo Schiaparelli, y algunas de ellas también participarán en la misión de 2018, en la que se llevará un rover a la superficie marciana.

REMS, el primer instrumento español en Marte

Por primera vez un instrumento científico desarrollado por investigadores e ingenieros españoles viaja a Marte. Se trata de REMS, una pequeña estación meteorológica con sensores de presión, humedad, viento, temperatura y radiación ultravioleta. El instrumento forma parte del rover  Curiosity que la NASA colocará en la superficie marciana en agosto de 2012. Los cerca de 40 científicos que han dedicado años de trabajo a REMS cruzan ahora los dedos.

Enrique Sacristán | 28 noviembre 2011 09:45

La emoción del equipo REMS no se podía ocultar el 26 de noviembre de 2011. Ni la de los que asistieron al lanzamiento en Cabo Cañaveral  (Florida, EE UU), ni la del grupo que lo siguió con familiares y amigos desde el Centro de Astrobiología (CAB) en Madrid. El instrumento en el que habían trabajado más de un lustro despegaba sin novedad rumbo a Marte integrado en el rover Curiosity.

Este rover, que “amartizará” en agosto de 2012, forma parte de la misión Mars Science Laboratory con la que la NASA estudiará la habitabilidad del planeta rojo. “Dejas seis años de tu vida, así que confiamos en que la misión sirva para conocer mejor Marte y permita realizar algún descubrimiento”, comenta el investigador principal de REMS, Javier Gómez-Elvira. “Confirmar que hubo agua en el pasado ya sería un éxito”.

El también director del CAB explica que los mayores retos han sido la miniaturización de la electrónica y la integración de todos los componentes del instrumento, además de analizar y realizar simulaciones con cada una de las partes y asegurar que todas van a funcionar bien en conjunto.
¿Pero qué es REMS? Las siglas corresponden a Rover Environmental Monitoring Station, es decir, la estación de monitorización medioambiental del rover. Se trata de una pequeña estación meteorológica que registrará la magnitud y dirección del viento, la temperatura del aire y la del suelo, la presión atmosférica, la humedad relativa, y la radiación ultravioleta.

Cuatro componentes y seis sensores

Boom 1, boom 2, un sensor de radiación ultravioleta y una unidad de control son los cuatro componentes principales de REMS. Los dos booms son pequeños cilindros, de 15 cm de longitud, separados en el mástil de Curiosity unos 120º. El primero apunta hacia la parte delantera e incorpora sensores de viento y los dos de temperatura del aire y del suelo. El segundo también medirá el viento y la temperatura del aire, pero además lleva un sensor de humedad relativa.

Los chips de los sensores de viento “son más eficientes en términos energéticos que los desarrollados anteriormente, y por primera vez se utiliza tecnología de silicio para esta aplicación en el espacio”, destaca Luis Castañer, investigador de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), que también participa en el proyecto. Las placas de los chips, que llevan grabado el nombre de sus creadores, se sitúan en la superficie de los booms. Son bastante delicadas –solo con pasar el dedo se pueden dañar–, por lo que se ha tenido especial cuidado durante los ensayos y su ensamblaje.

Por su parte, el sensor de la temperatura del aire está situado en la punta de una varilla larga para evitar que el calor del propio rover contamine sus medidas. Este problema, el de la posible contaminación de los registros, ha sido una constante en el diseño de REMS y se ha encontrado una solución de equilibrio: “Por una parte es necesario calor para calentar la electrónica y que funcione, pero, por otra, no debe influir en los datos, por lo que hemos tenido que buscar soluciones de diseño, además de emplear materiales que conducen mal el calor y separarlos lo máximo posible de la fuente calorífica”, explica Gómez-Elvira.

Respecto a la temperatura de suelo, se realiza una estimación midiendo la radiación infrarroja que se emite desde la superficie marciana, pero sin llegar a contactar con ella. Los sensores que realizan esta tarea pueden autocalibrarse y corregir los errores que causa el paso del tiempo, como la deposición de polvo sobre las lentes o la degradación de la electrónica.

Además de los cuatro tipos sensores de los booms, REMS incluye otros dos. Uno es el de radiación ultravioleta que, mediante seis fotodiodos, medirá por primera vez este parámetro en la superficie de Marte. Se localiza en una pequeña caja situada en la plataforma superior del rover. En este caso, los ingenieros han ideado un sistema de pequeños imanes para que no se deposite el polvo.

El otro sensor es el de presión, que se ha incluido en la unidad de control de REMS. Se comunica con el exterior a través de un pequeño orificio, dispuesto de tal forma que ninguna partícula del interior pueda salir y contaminar Marte. En este tema se ha puesto especial cuidado durante todo el ensamblaje de Curiosity.

En cualquier misión fuera de la Tierra es una prioridad la protección planetaria, una tarea que supervisa el Comité de Investigación Espacial (COSPAR). Se establecen cinco categorías para las misiones interplanetarias y la Mars Science Laboratory se ha catalogado de categoría IV, es decir, misión de sondeo y aterrizaje con posibilidad significativa de contaminación y riesgo para los próximos experimentos biológicos. Esto ha supuesto un estricto control y esterilización del rover durante su ensamblaje en las denominadas salas limpias del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, en Pasadena (California, EE UU).

Instrumento español con colaboración internacional 

El desarrollo de REMS es fruto de un acuerdo de colaboración bilateral entre la NASA y España, a través del CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) y el CAB (centro mixto del INTA -Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial- y el CSIC). Hasta ahora se han invertido cerca de 3,5 millones de euros en este proyecto (14,8 millones los ha aportado el CDTI, 6,8 el CAB y 1,9 el Plan Nacional de I+D+i).

Hasta ahora se han invertido cerca de 3,5 millones de euros en este proyecto.

El diseño y la integración se han liderado desde el CAB y el contratista principal para los temas de ingeniería ha sido CRISA, empresa que forma parte de EADS Astrium, la división espacial de la Compañía Europea de Defensa, Aeronáutica y Espacio (EADS).

EADS Astrium, a su vez, ha liderado un consorcio de instituciones entre las que figura el Instituto Meteorológico de Finlandia (FMI), la Universidad Politécnica de Cataluña, el Instituto de Física de Alta Tecnología de Jena (Alemania), Aurelia SpA (Italia), Alter Technology (España), el Instituto de Microelectrónica de Sevilla y la Universidad Carlos III de Madrid.

En el proyecto REMS también participan instituciones estadounidenses: la Universidad de Michigan, el NASA Ames Research Center y el Instituto Tecnológico de California (Caltech), que administra el JPL donde se han ensamblado y probado los componentes del rover.

Por su parte, los sensores de presión y humedad son una contribución del FMI finlandés, con experiencia en crear otros parecidos para las misiones Phoenix de la NASA o la malograda Beagle 2 de la Agencia Espacial Europea, que se perdió en Marte a finales de 2003. Aquella sonda también llevaba un sensor de radiación ultravioleta desarrollado en el CAB  y fabricado por EADS Astrium-CASA.

El momento del descenso del Curiosity a la superficie de Marte también será crítico. Todo el equipo estará muy pendiente confiando que no le suceda lo mismo que a Beagle 2. Un innovador sistema de grúas descolgará al rover sin necesidad de paracaídas ni airbags. Será un momento delicado. Una vez en el suelo marciano se tratará de establecer contacto con la nave para confirmar que todos los sistemas funcionan correctamente.

En las comunicaciones directas con la Tierra, que no pasan por ningún repetidor de los que orbitan Marte, va a desempeñar un papel esencial una antena de alta ganancia desarrollada también en España por las empresas EADS Astrium-CASA y SENER. Será especialmente útil en casos de emergencia.
En cualquier caso la transmisión habitual de datos se hará a través de otras antenas del rover que los transmitirán a los satélites en órbita marciana que, a su vez, los reenvirán a las tres antenas de espacio profundo que la NASA tiene en la Tierra. Una de ellas está en Robledo de Chavela, en Madrid.

Está previsto que REMS tome medidas durante cinco minutos cada hora, aunque se pueden programar periodos adicionales si los científicos lo consideran de interés. La pequeña estación meteorológica funcionará como mínimo los 23 meses que dure la misión. De esta forma se podrán conocer las variaciones diarias y estacionales de los parámetros ambientales. El ciclo del agua, las tormentas de polvo y la dinámica atmosférica del planeta rojo se podrán comprender mejor con las mediciones del instrumento.

Campañas desde el desierto a la Antártida

En el análisis de los datos científicos también van a participar investigadores de la Universidad de Alcalá de Henares, bajo la coordinación del profesor Miguel Ramos. Este equipo analizará la temperatura del suelo y del aire para deducir las condiciones térmicas del subsuelo próximo a la superficie, un trabajo que vienen probando durante años en la Antártida. En concreto, durante las campañas 2007-2008 y 2008-2009 en la estación antártica española en la isla Decepción.

Los ensayos de los sensores de REMS no solo se han realizado en la Antártida, también en otros puntos de la Tierra análogos en muchos aspectos a la superficie marciana. Se han realizado pruebas en ambientes tan extremos como los desiertos de Atacama en Chile –uno de los lugares más secos de la Tierra–, o el de Nevada en EE UU, donde se forman remolinos de polvo parecidos a los de Marte.
En España también se ha probado el sensor de temperatura del suelo en la zona volcánica de los Campos de Calatrava (Ciudad Real). Y este mismo año se han realizado test de espectroscopia de infrarrojos en el entorno de las lagunas salinas de Bujaraloz, en los Monegros.

Pero el examen definitivo será en agosto de 2012 cuando, si todo va bien, REMS y los otros instrumentos del Curiosity comiencen a enviar los datos a la Tierra. El ritmo de trabajo será frenético, porque diariamente los científicos tendrán que procesarlos y decidir la tarea del rover del día siguiente. Después de tres meses de trabajo conjunto en EE UU con todos los grupos de la misión, el equipo REMS volverá a España para gestionar desde el CAB los registros del instrumento.

La información que aporten REMS y los otros instrumentos de Curiosity contribuirá a comprender mejor la atmósfera y la superficie de Marte, además de a mejorar los modelos climáticos del planeta. Pero quizá algún día, cuando menos se espere, lleguen esos datos que confirmen la existencia de agua líquida, o incluso de algún indicio que sorprenda no solo a los científicos, sino a toda la humanidad.

Fuente: SINC

La Phoenix se dirige ya hacia Marte.

El Phoenix Mars Lander (PML) fue lanzado desde Cabo Cañaveral el 4 de agosto de 2007 y se espera que aterrice el 25 de mayo de 2008.

Image credit: NASA/Sandra Joseph and John Kechele

El PML se posará en el polo norte marciano, donde el orbitador Mars Odyssey encontró hielo en el subsuelo a poca profundidad, y buscará respuestas sobre esa parte del planeta y sobre la capacidad de Marte para albergar o haber albergado vida en algún momento de su historia.

Interpretación artística del aterrizaje de la sonda.
Image credit: NASA/JPL-Calech/University of Arizona

El PML analizará la superficie sobre la que se pose, la capa de hielo del subsuelo y la capa intermedia, con los instrumentos que lleva a bordo:

  • Una de las pruebas consiste en calentar muestras del terreno y examinar la catidad de agua y de compuestos de carbono presentes.
    El instrumento de la izquierda mide la energía necesaria para calentar la muestra, mientras que el de la derecha determina la naturaleza química de los gases desprendidos en el proceso.
    Image credit: NASA/JPL-Caltech/UA

  • Otra de las pruebas analizará que componentes del terreno se disuelven en agua.
    Laboratorio químico que viaja abordo de la sonda.
    Image credit: NASA/JPL-Caltech/UA

  • Cámaras y microscopios observarán el terreno durante el descenso y después del aterrizaje.

    Detalle del microscópio (a la izquierda de la imagen).
    Image credit: NASA/JPL-Caltech/UA
  • Una estación meteorológica recabará información durante el proceso de formación del casquete polar, de dióxido de carbono congelado, durante el invierno marciano y el posterior “deshielo” en primavera.

Marte es un desierto en cuya superficie no es posible encontrar agua líquida ni siquiera en las regiones donde la temperatura es superior a la de su congelación, sin embargo, recientes misiones parecen haber encontrado pruebas de su presencia en el subsuelo en la actualidad. Se sabía que en el pasado hubo agua líquida en el planeta y que ella fue la responsable de parte de los accidentes geográficos que observamos en la superficie marciana.

La presencia de agua en Marte es clave para resolver algunas preguntas:

  • ¿Hubo vida en Marte?
  • ¿Cómo debemos prepararnos para explorar el planeta?
  • ¿Qué nos puede enseñar Marte sobre el cambio climático?
  • ¿En que manera se diferencian los procesos geológicos de Marte y de La Tierra?

Además de ser importante para resolver las preguntas anteriores, el agua es un prerrequisito para la vida, una materia prima para los futuros exploradores del planeta y un agente climático y geológico, por estos motivos la NASA utiliza el agua como hilo conductor de sus investigaciones marcianas.

Más información:

www.sondasespaciales.com

500 días encerrados

Seis personas encerradas en una casa de 200 metros cuadrados durante 500 días, sin contacto material con el exterior durante ese tiempo y con limitaciones en el contacto vía teléfono o vídeo conferencia.

Parece una nueva edición del concurso televisivo “Gran Hermano”, pero se trata de un experimento científico en el que participará la Agencia Espacial Europea (ESA) y que ha sido organizado por el Russian Institute for Biomedical Problems (IBMP) para preparar un futuro viaje tripulado a Marte.

Un futuro viaje a Marte tendrá una duración de 500 días, durante los cuales la tripulación sólo podrá recibir ayuda mediante telecomunicaciones, y con dificultades pues el retardo, tiempo que tarda la señal en ir y volver, llegará a ser de 40 minutos.

Un viaje tan largo plantea numerosos retos técnicos y sociales. El experimento Mars500 pretende descubrir las dificultades que los tripulantes se van a encontrar en sus relaciones con el resto de la tripulación durante los 500 días de viaje.

El experimento se desarrollará en las instalaciones del IBMP en Moscú. Allí ha preparado una serie de módulos que imitan una nave espacial en los que se encerrarán a los participantes. Estos realizarán tareas similares a las que deberán enfrentarse los astronautas durante el viaje.

Los participantes serán voluntarios, lo que significa, no sólo que lo hacen porque quieren, sino que cobrarán lo estipulado para este tipo de actividades. La selección de candidatos comenzará probablemente a mediados de junio y es posible que se haga mediante un anuncio en la web de la ESA. El perfil del candidato deberá ser parecido al de los astronautas, aunque los requerimientos físicos podrán ser inferiores.

Agua en Marte

El 6 de diciembre la NASA anunciaba que se habían descubierto rastros de la presencia de agua líquida en la superficie de Marte en nuestros días.

El descubrimiento se ha hecho al comparar fotos de un mismo lugar tomadas por la sonda espacial Mars Global Surveyor con pocos años de diferencia.

Las dos fotos de arriba está tomadas con cuatro años de diferencia, y en la más reciente -la de la derecha- se aprecia una linea más clara que según los científicos de la NASA se corresponde con materiales arrastrados por un líquido al fluir. No se baraja la posibilidad de que se trate de ningún otro líquido.

Se tenía asumido que en el pasado hubo agua líquida en el planeta y que en la actualidad hay hielo, pero el descubrimiento de que en la actualidad hay agua líquida es una novedad.

Comparando fotos también se han descubierto cráteres recientes causados por impactos de meteoritos:


Más información:
La noticia contada por J. Armentia
La nota de prensa de la NASA
Vídeo explicativo (en inglés)